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viernes, 14 de enero de 2011

La Invalidación


En tiempos pasados escribí un artículo denominado "Ser Consciente de Sí mísmo"... cada día me doy cuenta de la importancia de estar en consciencia sobre nosotros mismos, sobre lo que nos rodea, sobre quienes nos rodean... Es como estar en otra dimensión, que te permite "leer entre líneas" acerca de la situación que estás viviendo en ese preciso momento.

Ese "estar en consciencia" me permitió ver , uno de estos días, un episodio muy común para todos los seres humanos: la Invalidación.

Me permito presentarles este excelente escrito de Carlos Andrade Montemayo, publicado en el blog facetahumana.com y que me parece oportuno revisar, pues creo que nos aportará una interesante gfuente de información a todos los que seguimos este blog. Espero sus comentarios.

LA INVALIDACIÓN: UNA FORMA DE AUTOCONTROL

El control es una “buena” forma para sentirse seguros. Si lográramos que todo y todos estuvieran en su lugar, la vida sería más sencilla. El único problema es que mañana es otro día y todo cambia. Así es, la única constante en la vida es el cambio, por lo tanto no podemos mantener el control.

¿Entonces por qué, si aceptamos esto, nos esforzamos tanto en buscarlo? ¿Por qué está necesidad de que nada se mueva, física, emocional, mental o espiritualmente, sin que nosotros estemos preparados? ¿Por qué? Porque esto es tan solo una simple representación del miedo. Pero como no vamos a aceptar que nos dan miedo los cambios o las personas diferentes o las emociones fuera de lugar, decimos simplemente: a mi me gusta el orden, a mi me gusta estar tranquilo, a mi me gustan las cosas como están etc., etc. Una gran cantidad de justificaciones para “aprobar” las acciones necesarias que tenemos que hacer para mantener el control.

Una de estas “formas” y quizás una de las más recurrentes es la invalidación. ¿Pero qué es y cómo funciona?

Invalidación es rechazar, ignorar, burlarse, juzgar, o disminuir los sentimientos o las acciones de alguna persona. Es uno de las formas de abuso psicológico más dañino. También se le conoce como suprimir. Y por lo tanto una persona que invalida es un supresor. Y en la escuela de Análisis Transaccional de Muriel James a la invalidación se le llama Descalificación.

La forma más extrema de invalidar totalmente es matar y en algunos casos esa sensación o necesidad puede apoderarse de nosotros. Al no poder hacer desaparecer esa sensación por arte de magia, creamos respuestas mucho más complejas y sutiles pero igualmente destructivas, ya que al final de cuentas logramos a través de ellas evitar que alguien o algo sea tal cual es.

Y mientras más débiles o pequeños son mucho más fáciles de invalidar. Nadie, a menos que esté loco, se pone con Sansón a las patadas. Por lo que mucho cuidado con la forma de tratar a los niños, sobre todo a los hijos.

Un niño, sensible por su edad y naturaleza, que es invalidado repetidamente se convierte en un niño confundido. Pierde confianza en sus propios sentimientos. Pierde uso de su cerebro emocional - y el cerebro emocional es una de las herramientas básicas para la supervivencia. Para adaptarse a este ambiente insano, la relación entre sus pensamientos y sus sentimientos se malogra. Sus respuestas emocionales, su manejo emocional y su desarrollo emocional probablemente serán dañados gravemente, y quizás permanentemente. Las respuestas emocionales que funcionaron para ayudarle cuando era niño pueden funcionar contra el mismo cuando es un adulto. Por ejemplo, una niña que no recibía comprensión en la familia puede aprender a irse a su cuarto para llorar sola. Esto es su manera de sobrevivir. Pero cuando ella es una adulta y tiene problemas con su enamorado es mejor conversar con él en vez de salir y llorar sola.

Algunos psicólogos dicen que lo que se llama personalidad límite, "borderline personality disorder" puede ser la respuesta normal de una persona sensible en un ambiente de invalidación.

Ejemplos de Invalidación
  • Deja de llorar, o te voy a pegar.
  • ¡Cambia tu ánimo!
  • ¡Vete a gritar/llorar en otra parte!
  • Ya estás armando un drama.
  • No luchas lo suficiente.
  • No eres responsable.
  • Eres muy torpe.
  • Siempre te equivocas.
  • Nunca te concentras.
  • Lárgate.
  • Cállate.
  • Cálmate.
  • Ya pasó.
  • Ya fue.
  • No me molestes.
  • No me amargues.
  • Estás exagerando.
  • Es una tontería por lo que lloras.
  • Pudiste haberlo hecho mejor.

La invalidación tiene dos características principales. La primera es que le dice al individuo que está mal y equivocado tanto en su descripción como en el análisis de su propia experiencia: Particularmente en su punto de vista de lo que está causando sus emociones, creencias y acciones.

La segunda, el individuo atribuye su experiencia a rasgos de personalidad que no son socialmente aceptados.

Las respuestas que invalidan pueden ser de diferentes formas:

  • “Estás enojada pero simplemente no lo admites”
  • “Dices que no, pero lo que realmente quieres decir es sí, yo te conozco”
  • “Tu lo hiciste (algo que realmente no hiciste). Deja de mentir”
  • “Estás hipersensible”
  • “Simplemente eres una floja”
  • “No voy a dejar que me manipules de esa forma”
  • “Anímate, déjalo ir. Tú lo puedes sobrepasar”
  • “Si vieras el lado positivo de las cosas y dejaras de ser un pesimista ...”
  • “No estás tratando lo suficiente”
  • “Vas a ver, si quieres llorar te voy a dar algo por qué realmente llorar”
  • “¡Ah! Así es la vida” (y sigue como si no hubieras dicho nada)
  • “¡Lo que pasa es que tienes celos!”

Todos tenemos la experiencia de haber sido invalidados en algún momento, pero para las personas que crecieron en ambientes de invalidación, estos mensajes los recibían constantemente. A lo mejor los padres tenían buenas intenciones pero se sentían tan incómodos con las emociones negativas que no permitían que sus hijos las expresaran, dando como resultado una invalidación no intencional. La invalidación crónica puede llevar a la auto-invalidación y auto-desconfianza a nivel subconsciente, y al sentimiento de “yo no importo”.

Un ambiente de invalidación es aquél donde la comunicación de experiencias privadas e íntimas es recibida por respuestas erráticas, inapropiadas o extremas. En otras palabras, lo dicho de una experiencia íntima o privada no es validado, en su lugar es castigado y/o trivializado. La experiencia de emociones dolorosas es negada. La interpretación que hace el individuo de su propia conducta, incluyendo la intención y motivación de la misma, es descartada.

Una forma de invalidar muy común en entre las personas de una autoestima baja, es la de no valorar dones y logros de los demás. Lo más que “regalan” es una comparación con sus propios logros, disminuyendo con esto los de las otras personas. Tienen la sensación de que si valoran lo de los otros, ellos son menos.

La anécdota de las dos cubetas de cangrejos es un buen ejemplo: Dicen que en una cubeta estaban unos cangrejos japoneses, (yo diría de alta autoestima) y que querían salirse. Entonces, uno empezó a trepar y como no podía llegar hasta arriba, los otros cangrejos lo empezaron a ayudar a subir, haciendo una pequeña escalera con sus propios cuerpos, sabiendo que si uno salía, este les ayudaría jalándolos desde arriba. Y si, así sucedió y poco a poco todos los cangrejos se salieron de la cubeta arrojándose a su querido mar.

En la otra cubeta había unos cangrejos latinoamericanos (o de autoestima baja) que también querían salir, pero en este caso en vez de ayudarse, en el momento en que uno de ellos a base de fuerza y de aplastar a los otros lograba acercarse a la salida, unos los jalaban hacia abajo y los otros trataban de convencerlo de que así estaban bien las cosas, que desistiera en su intento. Y así entre jalones y “convencimientos” la cubeta fue llevada a la cocina e hicieron una buena sopa de mariscos.

(De los trabajos de la auto-lesión de los psicólogos Van der Kolk, Perry y Herman y Linehan)


CONSEJOS PARA CORREGIR LA INVALIDACIÓN


La Invalidación y los PTS. (Potencial Trouble Source / Fuente Potencial de Problemas)

Un PTS es una persona que no está en tiempo presente, que se la pasa atorada y con miedo de cosas que ya le pasaron o con ansiedad por lo que no ha llegado o fantaseando en resolver todo en un futuro. Es una persona que se enferma, que se tropieza a su paso, que trabaja mucho pero produce muy poco, que tiene accidentes, es alguien que está en una montaña rusa emocional, que pone en peligro su medio. O sea una fuente potencial de problemas para todos los que lo rodean. Por eso el nombre.

¿Y cómo se crea a un PTS? Si, aunque suena extraño, un PTS es creado, es la obra de alguien. No tiene nada que ver con genética, ni con mala suerte, ni con el medio ambiente.

Hay dos factores básicos para que exista una persona PTS:

El primer y esencial factor es que exista un supresor conectado con el PTS.

Un supresor, como ya vimos, es una persona que suprime (invalida) a otra persona. Alguien que estropeará o despreciará cualquier esfuerzo por ayudar a alguien y en particular atacará con violencia a todo aquello que pretenda que los demás sean mejores, más inteligentes o poderosos.

Y el segundo es que el PTS tenga cuentas pendientes con el supresor. Ya que esto es lo único que lo pone en peligro. Entre las cuentas pendientes se encuentran el haberlo lastimado, robado, desacreditado, deseado el mal, hablar mal él, permitirle que traspase los límites, etc. Todo lo que de alguna manera los ligue y provoque culpa.

El ser humano es bueno por naturaleza y cada vez que hace algún acto hostil contra alguien o algo, siente vergüenza y se debilita emocional, psíquica y espiritualmente, por eso es una presa factible.

Hay tres tipos básicos de PTS:

  1. El “Primer Tipo” es fácil de identificar y resolver. El supresor está justo en tiempo presente suprimiendo a la persona. La persona que invalida es alguien que en este momento se encuentra ligada al PTS o su entorno.
  2. El “Segundo Tipo” es más difícil de identificar. La persona “supresiva aparentemente” está en tiempo presente, pero es sólo un “reestimulador” del supresivo real. El PTS está reaccionando ante alguien como alguna vez reaccionó ante una supresión real.
  3. Y el “Tercer Tipo” es alguien que está reaccionando ante una imagen irreal.

Ahora bien, para poder recuperarse o salir del estado de PTS debemos primero averiguar cual de los tres tipos es y seguir la siguiente “fórmula”.

La “formula” para los tipo uno y dos es sencilla, lo difícil es ponerla en práctica, ya que hay que aceptar el hecho de que somos responsables del estado en que nos encontramos. Para los tipo tres solo el trabajo con profesionales puede ayudar.

Para el “Tipo Uno” es la siguiente:

1er Paso: Descubrir quien está suprimiendo, realmente. El simple hecho de saber quién es y poderlo nombrar, produce beneficios.

2do Paso: Desconectarse. Salir de su entorno de poder.

3er. Paso: Manejar la situación que permitió la supresión. Reconocer las deudas pendientes o actos hostiles que se tienen contra el supresor y hacer enmiendas.

Para el “Tipo Dos”:

Los pasos son los mismos con la diferencia de que como el supresor no está en tiempo presente, ni en el entorno, el hecho de descubrirlo y nombrarlo pueda llevar más tiempo y una búsqueda en el pasado del PTS.

Para aclarar un poco este caso, veamos un ejemplo: Un PTS “Tipo Dos” siente que el supresor real es su nuevo jefe. Porque cuando está con él se siente mal y no soporta que le de órdenes y cada vez más produce menos en el trabajo. Pero al seguir el “Paso Uno” de la fórmula, descubre quién es y lo nombra. No siente ningún alivio. Y al dejar el trabajo para desconectarse, tampoco hay cambios. Por lo que en realidad el verdadero supresor no es el jefe, es tan solo la reestimulación de alguien en su pasado, podría ser un padre dominante, mandón y violento o algún viejo maestro de la escuela. Alguien que en su pasado lo suprimió y además tenía una posición de poder.

También en el “Tercer Paso” hay cambios en el caso de que el supresor real haya muerto, por lo que las enmiendas hacia él podrán eliminarse o en el mejor de los casos hacerlas hacia alguien o algo que él haya dejado. Sus hijos, esposa o negocio.

Para el “Tercer Tipo” no hay “fórmula”; son casos de psicosis que deben ser vistos por profesionales.

(De los trabajos de L. Ronald Hubbard. La ciencia de la autosupervivencia y La Ética de Cienciología).

viernes, 10 de julio de 2009

Una Fórmula para el Manejo de tus Problemas

Una de las palabras más escuchadas últimamente es “estamos en crisis”. A su vez, siempre se nos ha dicho que la crisis es tanto una oportunidad como una amenaza dependiendo de cómo cada uno la percibe, la entiende y la enfrenta. Ver las crisis como una oportunidad es más que una buena intención; es, antes que nada, una actitud mental específica de la cual pueden surgir nuevas maneras de enfrentar situaciones de incertidumbre y cambio no planeado.

El autocoaching no es otra cosa que hacerse las preguntas correctas en el momento correcto para ver las cosas de una manera más “servicial” a nuestros objetivos y encontrar nuevas alternativas de solución a los problemas que enfrentamos.

Dicen los árabes que “quien se pregunta a sí mismo tiene por maestro a un idiota”; sin embargo, Idries Sha, experto en sufismo y autor del excelente libro “La sabiduría de los idiotas” nos aclara que la palabra “idiota” tiene la misma raíz (“wali”) que la palabra “sabio”. Desde esta curiosa e interesante perspectiva tal vez ver las crisis como amenazas es de idiotas y verlas como oportunidad es de sabios.

¿Cómo llevar este razonamiento tan interesante pero intelectual a un terreno totalmente práctico?

Empecemos por definir lo que es un problema (“el que entiende la semántica entiende el universo”). El pensamiento sistémico habla de problema como “la distancia entre una situación actual y una situación deseada”.

De esta manera, un problema no es bueno ni malo, simplemente es una distancia a recorrer para llegar a una situación deseada (o necesitada). Dado que el lenguaje no es inocente y genera mundos al declarar ciertas expresiones, tal vez el primer paso es no hablar de problemas sino de retos. El reto genera un estado mental y emocional diferente, más proactivo, más “generador de recursos personales”. A su vez, ¿por qué no empezar hablando sólo de “situaciones” en vez de hablar de crisis, con el fin de quitarle la “carga negativa”? ¿Por qué no buscar una palabra más liviana y neutra?

Robert Dilts, en su libro “El poder de la Palabra”, nos habla de los cuatro marcos principales desde los cuales encuadramos las diversas situaciones que enfrentamos:

MARCO PROBLEMA

El primer marco es la manera natural desde la cual enfrentamos una situación. Nos lleva a preguntas como las siguientes:

¿Qué está sucediendo?

¿Por qué está sucediendo?

¿Dónde se originó lo que está sucediendo?

¿En qué me afecta lo que está sucediendo?

¿Porque me sucede a MÍ?

Este tipo de preguntas produce lo que llamamos un “efecto trompo”. Cada pregunta genera un círculo vicioso en el cual nos “enterramos” cada vez más en la situación presente, en lo que nos preocupa, lo que nos bloquea, lo que nos afecta. Joseph O´Connor, en el libro “Coaching con PNL”, dice que los “por qué” nos llevan al pasado, a las razones, posiblemente a las causas pero no a las soluciones, especialmente en problemas donde no tenemos control sobre esas causas.

El primer paso es salir del marco problema y enfocar nuestras preguntas a uno de los 3 marcos restantes que, por definición, son generadores de recursos.

MARCO SOLUCIÓN

La tendencia del hemisferio lógico, especialmente en situaciones apremiantes, es ir a las preguntas “proactivas”:

¿Cómo lo soluciono?

¿Cómo salgo de esta situación?

¿De qué manera puedo resolverla?

¿Qué opciones tengo?

En situaciones no complejas, de resolución inmediata, de escenarios previsibles y controlados, de información certera, las preguntas de este tipo son muy adecuadas pues rompen la “parálisis por análisis” y llevan directamente a pensar en acciones correctivas.

Sin embargo, en situaciones complejas o no claras, donde influyen factores que no sólo no controlamos sino que no acabamos de entender, las preguntas proactivas pueden “tensar demasiado el elástico” y, ante la falta de respuestas claras, pueden producir un bloqueo mental e inclusive emocional, generando sentimientos de impotencia ante la falta de respuestas efectivas.

Es el momento de reactivar a nuestro viejo y olvidado amigo, el hemisferio derecho.

MARCO APRENDIZAJE

Ningún problema es nuevo, toda situación tiene relación con situaciones vividas anteriormente, todo reto se parece en forma o en impacto a otros que ya hemos enfrentado antes. Todos tenemos una gran experiencia acumulada de cómo enfrentar “crisis”, tal vez de otro tipo pero igualmente retadoras. Todos hemos estado preocupados, con incertidumbre, desmotivados etc., muchas veces. Todos hemos resuelto situaciones difíciles antes. Preguntas como las siguientes nos devuelven la confianza en nosotros mismos:

¿Cómo las enfrenté?

¿Qué me funcionó?

¿Qué no debo seguir haciendo porque sé que no funciona?

¿Qué descubro sobre mí mismo al ver cómo enfrento retos?

¿Qué me dice sobre mí mismo la manera como me hago preguntas sobre los retos que enfrento?

¿Qué tiene de interesante esta situación que estoy enfrentando?

¿En qué me reta?

¿Cómo otros han enfrentado o enfrentan situaciones similares?

¿A quién conozco que sea experto en enfrentar este tipo de situaciones?

¿Qué hace?

¿Qué le puedo modelar?

A veces buscamos respuestas en el “afuera”, en asesores, en especialistas en el problema que enfrentamos o en gente de confianza con quien compartir nuestras preocupaciones. Perdemos de vista algo esencial: “Quien que es dueño del problema es dueño de la solución”. En ti, en tus vivencias, en lo que has enfrentado, en lo que te trajo hasta aquí, hay respuestas reales y efectivas a retos similares al que estás enfrentando en este momento.

Posiblemente lo más acertado es empezar por re encuadrar la situación y preguntarnos: ¿Y cuando no hemos estado en crisis?

Definitivamente somos expertos en salir adelante frente a situaciones similares a la actual.

A su vez, hay otro principio que dice: “Problema no resuelto es problema mal planteado”, lo que nos lleva al cuarto marco y el más excitante de todos.

MARCO CREATIVO

Normalmente enfrentamos las situaciones desde lo que son, desde la situación real y esto limita nuestro marco mental. Aunque queremos “pensar fuera de la caja”, lo hacemos DESDE la caja, por lo cual nuestras preguntas y planteamientos, por muy creativos que intenten ser, están limitados por la manera como vemos la situación desde NUESTRA PROPIA REALIDAD LIMITANTE.

¿Cómo ver la situación diferente realmente para enfrentarla diferente? No es un tema sólo de intención. El secreto es JUGAR un poco con la situación, es entrar en un marco mental que realmente permita ver diferente. Jugar es agrandar y disminuir las variables que determinan la forma como enfrento la situación. Jugar es colocarme en una posición radicalmente diferente frente a la misma situación. Simplemente para ver qué respuestas aparecen en mi mente.

Si la crisis fuera mucho más complicada, ¿cómo la enfrentaría?

Y si el dólar subiera a 20 pesos, ¿qué haría?

Si hoy me quedara sin trabajo y sin dinero en el banco, ¿cómo lo resolvería en los próximos 30 días?

Si no hubiera visto noticias últimamente, ¿qué estaría haciendo diferente a lo que estoy haciendo ahora?

¿Qué no he intentado hacer ante esta situación?

¿En qué me beneficia lo que está pasando?

¿Qué consejo me daría un águila frente a esta situación? ¿Y un delfín?

¿Qué me diría Mahatma Gandhi ante lo que me sucede?

Si me muriera en seis meses, ¿qué cambia en esta situación? ¿Cómo la enfrentaría?

Si quisiera aumentar mi crisis, ¿qué haría?

Si alguien dijera: “¿Quién podrá defenderme ante esta situación”? y tú fueras el Chapulín Colorado… ¿qué le dirías para que se defendiera?

Ahora, pregúntate:

De TODAS las respuestas anteriores, ¿cuál me hace “clic”?

¿Cuál respuesta de las anteriores me genera nuevas preguntas? ¿Qué preguntas?

De todo esto, ¿que SÍ puedo hacer?

¿Cómo lo haré?

¿Cuáles son los siguientes pasos?

¿Qué recursos necesito?

¿En quiénes me puedo apoyar?

Antes de terminar de leer este artículo, relájate, toma un papel y deja que la pluma escriba lo que quiera:

¿Para qué me está sucediendo esto?

¿Qué es lo que quiero lograr ante esta situación?

¿Realmente, qué me impide empezar a lograrlo?

¿Cuál es la manera de empezar a lograrlo?

Luego, genera 3 acciones concretas que SÍ puedas empezar a hacer. No escribas nada que no puedas iniciar en los próximos 7 días y ¡adelante!

Seguramente, esto por sí mismo no es suficiente para llegar a donde necesitas llegar, pero sí es seguro que por lo menos te ahorrará dinero en sesiones con especialistas en crisis que viven sin crisis porque saben cómo hacerte preguntas que te ayuden a salir de la crisis que aumentaste al leer artículos como éste sobre cómo salir de la crisis.

Por Ricardo Escobar, ICIMAG